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La reestructuración de la economía mundial

17 AgostoALBERTO IREZABAL VILACLARA
La reestructuración de la economía mundial

Las formas de vida de quienes habitamos en este planeta están en riesgo. Se ven afectadas por nuestra “sociedad moderna y globalizada”, empujada principalmente por el sector económico y el modelo neoliberal –financiero y de producción–, asaltando y expandiéndose a las dimensiones sociales, culturales y ambientales. Este modelo ha traído ventajas para aquellos con la suerte de nacer en contextos que facilitan su aprovechamiento para defender sus intereses, o inclusive aquellos con una extraordinaria capacidad de resistencia para salir de circunstancias de desventaja: de ahí que se asocie como el único modelo generador de oportunidades para los individuos.

Sin embargo, este modelo económico ha incrementado las brechas de la desigualdad y exclusión en los sectores más desfavorecidos: hoy el 1% de la población mundial posee más riqueza que el otro 99% (Oxfam, 2016), más de 750 millones de personas viven en condiciones de pobreza extrema (FAO, 2018) y se calcula que existen más de 70 millones de refugiados o desplazados (ACNUR, 2019). Sólo en México, más de 52 millones de personas viven en situación de pobreza y, entre ellos, 9 millones sobreviven en pobreza extrema (CONEVAL, 2019).

Nos enfrentamos a una crisis que afecta todas nuestras dimensiones de vida: social, cultural, ambiental, económica y política, impactando especialmente a los sectores desprotegidos y vulnerables. En nuestro país, se visibiliza a través de la creciente desigualdad económica, el debilitamiento de los derechos humanos, la grave situación de violencia, corrupción e impunidad que nos azota, o inclusive en la absurda contradicción de que el capital puede circular libremente, pero las personas no.

Ante esto resulta interesante revisar la etimología de la palabra “economía”: proviene del latín oeconomia, originada del antiguo griego oikonomía, que significa “(buena) administración de una casa”. La situación actual es apremiante y demanda reestructurar radicalmente la economía mundial. Con el fin de lograr esa “buena administración” para todas y todos, y no sólo para unos cuantos, hace falta repensar y renovar los paradigmas de intervención y acción. Albert Einstein ya lo dijo: “Es una locura hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.

Sin desestimar los grandes avances de la sociedad en términos de calidad de vida (bajo el paradigma occidental), parece que el modelo económico actual nos ha hecho perder de vista aquello que tiene el potencial para transformar nuestra sociedad. Como me lo recuerda la advertencia del zorro al Principito de Saint-Exupéry, “lo esencial es invisible para los ojos”; en este caso tratándose del cuidado de la interdependencia entre personas (incluyendo a la naturaleza). Como respuesta a tan adverso contexto, una gran pluralidad de movimientos y organizaciones en las fronteras de la exclusión, discriminación y pobreza, se han organizado para protegerse de un modelo económico que no los reconoce ni los incluye. Resolver sus necesidades les ha implicado buscar nuevas formas para defender su trabajo, el precio de venta de sus productos y los bienes y servicios que consumen; a fin de cuentas, defender su territorio y formas de vida. Están cuestionado y replanteando los paradigmas hegemónicos, proponiendo nuevas estructuras de pensamiento y acción para resolver sus dificultades y necesidades, cuidando –en esencia y muchas veces de forma invisibilizada– las relaciones entre personas y con la naturaleza bajo los principios de dignidad, solidaridad e inclusión para todas y todos.

Prueba de ello es el sinfín de alternativas en el mundo que, como pequeños fuegos, van encendiendo la llama de la esperanza para una sociedad más inclusiva y sustentable: desde los actuales movimientos feministas y aquellos que luchan contra del cambio climático acelerado por actividades humanas, hasta los grupos de economía social y solidaria que proponen un nuevo paradigma económico y empresarial, con la persona al centro y el capital subordinado a ella. Algunos ejemplos relacionados con estos últimos son el movimiento de los “Sin Tierra” en Brasil, las diferentes empresas recuperadas por los trabajadores en América Latina, las cooperativas de consumo en Japón, el grupo cooperativo Mondragón en el País Vasco, la banca ética en Europa o la gran variedad de cooperativas de producción de café y cacao orgánico en México y Centroamérica, entre muchos, muchos otros. Estas propuestas alternativas promueven la reconstrucción de un tejido social más cercano a sus propias necesidades, posibilitando el desarrollo igualitario de sus integrantes, en armonía con sus creencias, principios y valores.

De manera puntual, la economía social y solidaria representa la gran oportunidad de transitar hacia esa restructuración económica. Cuenta con los elementos teóricos y prácticos para luchar contra la pobreza desde la conquista de la autogestión de las personas y la disminución de la desigualdad, a través de una distribución más equitativa de la riqueza. No es una propuesta nueva y se ha reinterpretado de diferentes maneras a través del tiempo. Encontramos ejemplos de ello en la célebre Utopía de Tomás Moro, o también en el contrapeso cooperativo a la Revolución Industrial impulsado por socialistas utópicos como Robert Owen y Charles Fourier, a principios del siglo XIX.

Hoy en día existen una gran diversidad de propuestas alternativas alineadas a la economía social y solidaria, definidas por su contexto y como producto de las adversidades enfrentadas por los sectores o territorios vulnerados y excluidos. En términos generales, la Carta de principios de la economía social europea ayuda a enmarcarnos en algunas de sus características principales (Chaves Ávila & Monzón Campos, 2018):

 

1. Primacía de las personas y del objetivo social sobre el capital.

2. Control democrático por parte de sus participantes.

3. Reinversión de excedentes para cumplir los objetivos de interés para sus miembros o el interés común.

4. Adhesión libre y voluntaria.

5. Defensa y aplicación de los principios de solidaridad.

6. Autonomía de gestión e independencia respecto al gobierno.

 

Estos principios y valores se complementan desde América Latina, con teorías como la economía popular y la inserción de la solidaridad dentro de la economía (Razeto, 1999), la economía del trabajo y su articulación con el estado (Coraggio, 1999), o el aporte de las formas de economía solidaria no monetizada que proviene de los pueblos mesoamericanos, entre otros.

Como uno de estos paradigmas alternativos que emergen desde las fronteras, la economía social y solidaria cuestiona el modelo económico actual al servicio del capital y plantea una solución conjunta que valora la complementariedad del amplio sector económico, incluyendo al más tradicional. También apela a la conexión con lo global desde sus propios términos, distinguiendo las formas aprovechables de globalización para convertirlas en fuerzas de defensa del territorio local (Arreola Muñoz & Saldívar Moreno, 2017). Apuesta por romper con las dádivas y asistencialismo a los sectores vulnerables, para creer en la fuerza de las personas organizadas, posibilitando la transformación de su realidad. Es un camino para que las personas pasen de tomar decisiones desde la necesidad, para que, gracias a su esfuerzo colectivo, las tomen desde la libertad.

Tenemos que dejar de mirar a las fronteras de la sociedad como objeto de estudio y de nuestra caridad, para reconocerlas como aquellos espacios extraordinarios donde se encuentran los protagonistas de los cambios radicales que necesitamos urgentemente. Pero no podrán asumir la titánica tarea solos, pues en ella todos somos corresponsables. Nos debe alentar –a universidades, empresas, gobierno y sociedad civil– a transitar por dichas fronteras. De esta manera podremos sumarnos a las diferentes luchas y resistencias que, desde propuestas y paradigmas alternativos, guardan las claves para solucionar la crisis civilizatoria en la que vivimos, y así ofrecer un buen vivir en armonía para todas y todos.

 

 

Referencias

ACNUR. (2019), Anuario estadístico, recuperado el 16 de febrero de 2020, en https://www.acnur.org/datos-basicos.html

Arreola Muñoz, A. V., & Saldívar Moreno, A. (2017), “De Reclus a Harvey, la resignificación del territorio en la construcción de la sustentabilidad”, Región y Sociedad, 29(68).

Chaves Ávila, R., & Monzón Campos, J. L. (2018), La economía social ante los paradigmas económicos emergentes, CIRIEC-España, Revista de Economía Pública, Social y Cooperativa, (93), 5.

CONEVAL (2019), Medición de la pobreza en México, recuperado el 28 de febrero de 2020, en https://www.coneval.org.mx/Medicion/Paginas/PobrezaInicio.aspx

Coraggio, J. L. (1999), Política social y economía del trabajo. Alternativas a la política neoliberal para la ciudad, Buenos Aires, Miño y Dávila, UNGS.

FAO (2018), FAO’S Work On Family Farming, en http://www.fao.org/3/CA1465EN/ca1465en.pdf

Oxfam (2016), Una economía al servicio del 1%.

Razeto, L. (1999), “La economía de solidaridad: concepto, realidad y proyecto”, Persona y Sociedad, 13(2), 1-19.


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